Admirando el inicio del otoño en San Pedro Mártir 🍂✨

Solo yo, mi cámara y la Sierra de San Pedro Mártir frente a mí. El otoño comienza a teñir el paisaje de tonos cálidos: hojas doradas que bailan con el viento, montañas que parecen cuadros vivos, y un silencio profundo que invita a detenerse, respirar y sentirse parte de algo más grande.


El bosque comienza a transformarse. Cada árbol refleja un cambio sutil pero poderoso: verdes que se mezclan con dorados y ocres, ramas que crujen suavemente bajo la brisa y hojas que caen como si el tiempo también se detuviera. Cada foto busca capturar la esencia de este instante donde la naturaleza nos habla sin palabras.


Acampar aquí fue toda una experiencia. Montar la tienda, sentir el frío del aire fresco de la sierra y despertar rodeado de árboles y montañas me hizo conectar aún más con este lugar. Cada instante estaba lleno de calma, y cada sonido del bosque me recordaba lo pequeño que somos frente a la naturaleza.


Tuvimos la fortuna de acercarnos al observatorio de la UNAM. Caminar entre telescopios y escuchar historias sobre las estrellas me recordó lo vasto que es el universo… y lo importante que es detenerse, admirar y maravillarse. Cada instrumento parecía susurrar secretos del cielo, mientras yo registraba cada instante con mi cámara.


El sendero hacia el mirador y el altar se llena de colores, texturas y sorpresas. Cada paso es un descubrimiento: hojas que crujen bajo los pies, rayos de sol que atraviesan las ramas y pequeños rincones que esperan ser fotografiados. El viaje por este camino invita a conectar con el entorno y sentir la Sierra en cada instante.


Un pequeño letrero marca la dirección al altar, como una invitación a descubrir un espacio sagrado y lleno de calma. Cada señal, cada detalle del camino, prepara al viajero para la experiencia que lo espera: un lugar donde lo espiritual y lo natural se encuentran.


Desde el mirador, la vista te deja sin palabras. El valle y las montañas se extienden hasta donde alcanza la mirada, y uno comprende lo pequeños que somos frente a la majestuosidad de la naturaleza. Cada hoja, cada rayo de sol y cada instante vivido aquí nos enseña a detenernos, observar y maravillarnos.


El otoño no solo se ve: se siente. La brisa que recorre la sierra, los colores que pintan cada rincón, y la historia que parece latir entre piedras y árboles… todo invita a inspirarse, descubrir y viajar con los sentidos abiertos. Mientras me despido de este lugar, sé que cada foto, cada emoción y cada recuerdo son parte de la historia que quiero seguir contando.


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